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Para
estudiar
al
ser
humano
como
personalidad
integrada
y
unitaria,
es
necesario
una
Aproximación
evolutiva
y
las
diferentes
modificaciones
del
psiquismo,
que
surgen
cronológicamente
en
función
de
la
maduración
y
el
aprendizaje,
sin
dejar
de
lado
las
características
individuales,
las
mismas
que
si
bien
no
modifican
el
desarrollo
evolutivo,
le
confieren
características
peculiares
que
identifican
a
cada
personalidad.
Los
comienzos
de
la
vida
psíquica
así
como
su
tono
afectivo
están
en
íntima
relación
a
los
procesos
orgánicos.
Se
van
a
dar
probablemente
una
sucesión
de
estados
en
los
que
dominan
las
impresiones
procedentes
de
los
procesos
biológicos
y
los
estímulos
externos
cuya
intensidad
es
suficiente
para
sobrepasar
el
umbral
sensoperceptivo
inicial.
Desde
que
nacemos
entramos
en
contacto
con
el
mundo
y
reaccionamos
a
esa
experiencia.
Las
experiencias
y
reacciones,
como
nos
dice
Telma
Reca,
dejan
una
huella,
esta
huella
ya
se
hace
parte
de
la
personalidad
por
que
todo
lo
que
el
niño
capta
aunque
no
signifique
nada
para
él,
es
un
punto
de
partida
para
su
futuro
desarrollo
endo
psíquico
que
empieza
a
construirse
lentamente.
A
medida
que
el
niño
vaya
desarrollando
se
irán
presentando
en
él
y
como
producto
de
la
maduración,
un
proceso
continuo
de
diferenciación
de
funciones
contenidas
en
nuestro
bagaje
biológico
y
que
requerirá
para
llevarse
a
cabo
de
circunstancias
adecuadas
para
ello
es
decir
del
medio
ambiente
que
proveerá
de
las
experiencias
para
alcanzar
y
establecer
patrones
de
conducta.
La
personalidad
comienza
a
estructurarse
en
los
primeros
años
de
la
vida
y
como
resultado
del
contacto
del
niño
con
el
mundo
de
los
adultos.
Debemos
reconocer
la
importancia
de
los
(
5
,
7
,
12
)
primeros
años
de
la
infancia
en
el
desarrollo
de
la
personalidad.
Durante
éstos
los
niños
se
transforman
de
individuos
que
parecen
responder
pobremente
al
ambiente,
en
individuos
con
características
peculiares
y
cada
vez
más
interactuantes
con
las
personas
de
su
entorno,
todo
lo
que
produce
más
y
más
cambios.
Tras
el
brusco
cambio
que
representa
el
nacimiento,
el
niño
deberá
enfrentar
importantes
procesos
de
maduración
y
ajuste
de
funciones
.esto
es
debido
a
la
independización
del
cuerpo
de
la
madre
a
la
que
de
todas
maneras
seguirá
unido
y
dependiente
para
subsistir
tanto
en
lo
que
se
refiere
a
necesidades
biológicas
como
a
las
de
cuidado,
afecto
y
atención
permanente.
Cuando
la
madre
satisface
estas
necesidades
y
lo
hace
con
una
actitud
tierna,
amorosa,
solícita,
permite
el
desarrollo
de
una
relación
afectiva
positiva
entre
los
dos.
Esta
relación
madre-niño
es
de
vital
importancia
por
que
contribuye
a
mantener
la
salud
física
del
bebé
y
a
diferenciar
progresivamente
sensaciones
y
lo
estimula
sensorialmente
enriqueciendo
de
este
modo
sus
experiencias,
al
mismo
tiempo
que
le
brinda
el
cariño
que
simentará
su
seguridad
y
confianza,
bases
importantes
para
el
desarrollo
armonioso
de
la
personalidad.
A
partir
de
la
manifestaciones
emocionales
más
prematuras
la
vida
afectiva
se
va
a
ir
enriqueciendo
y
diferenciándose,
teñido
toda
la
actividad
del
hombre,
siempre
todo
lo
que
haga
estará
impregnado
de
sentimientos,
siendo
éstos
en
innumerables
casos
los
que
actuarán
como
motores,
estímulos
o
motivadores
de
nuestra
actividad.
Es
por
eso
la
importancia
tan
grande
de
un
desarrollo
emocionalmente
sano.
El
período
más
importante
del
desarrollo
emocional
se
dará
con
el
tiempo
y
no
sólo
cuando
sensaciones
sino
también
las
representaciones
provoquen
sentimientos
cada
vez
más
variados
y
complejos
originando
nuevas
emociones
que
van
a
reflejar
una
vida
cada
vez
más
rica
y
consciente.
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El
período
que
va
de
los
dos
a
los
doce
años
aproximadamente,
es
muy
significativo
en
el
desarrollo
de
la
personalidad.
A
medida
que
va
ampliando
su
campo
de
acción,
integrando
nuevos
grupos
y
desempeñando
nuevos
roles,
tomará
cada
vez
mayor
conciencia
de
sus
obligaciones
y
actividades
,asumirá
responsabilidades
y
un
lugar
definido
en
la
sociedad.
Tendrá
que
aprender
a
aceptar
e
interiorizar
normas
(proceso
de
socialización)
y
al
mismo
tiempo
cumplirlas
para
su
bien
y
el
de
los
demás
es
un
arduo
camino
el
que
tiene
por
delante
hasta
que
se
establezcan
los
comportamientos
aceptados
por
el
medio
social.
Entre
los
cuatro
y
los
seis
años
la
conciencia
del
niño
está
mucho
menos
limitada
a
conductas
específicas
y
es
el
comienzo
de
otro
tipo
de
normas
,más
abstractas
y
generalizadas.
Empieza
a
comprender
el
respeto
a
las
prohibiciones,
a
entender
en
forma
menos
rígida
la
justicia,
la
mentira,
etc.
Estos
juicios,
valores
y
reglas
morales
son
posibles
de
adquirir
por
influencia
del
medio
social,
el
desarrollo
cognoscitivo
y
los
procesos
psicológicos
fundados
en
el
aprendizaje.
La
adquisición
de
conceptos,
la
percepción
de
los
sentimientos
de
los
otros,
el
compartir
con
sus
padres,
el
afecto
de
sus
padres,
etc.,le
van
a
permitir
el
desarrollo
de
la
conciencia
moral
que
es
una
forma
de
la
conciencia
social.
En
este
período
de
los
dos
a
los
doce
años
vamos
a
tener
otros
dos
aspectos
básicos
en
el
desarrollo
de
la
personalidad.
Alrededor
del
año
o
año
y
medio
con
la
adquisición
de
la
marcha
el
niño
ha
adquirido
una
mayor
independencia
y
movilidad,
lo
que
le
va
ayudar
a
progresar
como
una
entidad
individual
y
le
va
a
permitir
una
toma
de
conciencia
de
sí
mismo,
con
voluntad,
deseos
y
necesidades
propias.
Aprenderá
a
decir
NO
cuando
no
le
guste
determinada
cosa,
cuando
algo
no
le
sea
atractivo
etc.
todo
lo
que
va
a
promover
el
surgimiento
de
conductas
muy
egocéntricas
y
rebeldes
(rabietas)
que
es
la
forma
de
reafirmar
la
conciencia
de
sí
mismo
y
lo
que
empieza
a
marcar
otro
aspecto
clave
en
el
desarrollo
de
la
personalidad:
la
voluntad.
La
existencia
de
la
voluntad
en
el
hombre
está
condicionada
por
el
hecho
de
que
éste
tiene
importantes
objetivos
y
tareas.
Cuanto
más
significativas
sean
para
él
,tanto
más
fuerte
su
voluntad,
más
fuertes
sus
deseos
y
su
empeño
y
ambición
por
realizarlos.
El
acto
volitivo
es
producto
de
la
reflexión
conciente
que
expresan
los
valores
morales
del
hombre
y
que
tienen
el
logro
de
determinado
objetivo.
A
medida
que
el
niño
crece
los
actos
volitivos
se
van
complejizando
y
se
hará
cada
vez
más
capaz
de
dirigir
sus
actividad
y
comportamiento
según
los
objetivos
y
fines
que
se
trace.
Ahora
nos
preguntamos
¿y
cuando
lleva
a
cabo
el
hombre
actos
volitivos?,cuando
está
motivado,
cuando
las
motivaciones
que
están
relacionadas
a
necesidades,
las
mismas
que
deben
ser
satisfechas
lo
dirigen
hacia
fines
y
objetivos.
Las
primeras
motivaciones
son
de
origen
fisiológico
y
permanecerán
por
toda
la
vida,
pero
el
proceso
evolutivo
y
nuestro
constante
interactuar
con
nuestro
medio
nos
irán
generando
motivaciones
de
otro
tipo,
las
sociales
(profesión,
dinero,
prestigio,
etc.).
La
motivación
como
generadora
de
actividad
conciente
está
en
la
base
de
la
formación
de
la
personalidad.
----------------------------------------------------
Ps.
Silvia
Correa
-
Ex
docente
de
la
Cátedra
de
Psicología
de
la
Personalidad
y
Psicoterapia
de
la
Facultad
de
Psicología
de
la
Universidad
Nacional
de
San
Agustín
de
Arequipa
-
Perú
CONGRESO
INTERNACIONAL
DE
REHABILITACIÓN
EN
ENCEFALOPATÍA
INFANTIL
-
I
JORNADA
DE
COMUNICACIÓN
AUMENTATIVA
Y
ALTERNATIVA
(Cusco,
26-30
de
mayo2003)
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